Noé, película producto típico «jolivudense» comercial

Noe

 

 

 

Por Javier Sol

Le perturbaban tanto su sueño que Enlil, dios de la lluvia, decidió exterminarlos; pero Enqui, su compadre, en esto de las jerarquías, sintió pena por la humanidad y llamando a Atrahasis, le proporcionó la idea del arca,etc. .Al cabo de siete días cesó el diluvio y la nave se posó sobre el monte Ararat.

Esta historieta forma parte del poema del héroe Gilgamés (circa 1800 años atrás), posteriormente conocido por el nombre que le dieron a la divinidad primigenia, Marduc, de un texto de tablillas de escritura cuneiforme en época del rey Hammurabi de Babilonia.

Los mitos del diluvio universal se basan en, quizá, posibles inundaciones de los ríos Tigris y Éufrates, en el actual Irak y se extienden hasta Irán, India y, claro, Palestina (no deja de ser curioso que en América (pueblo navajo, por ejemplo) también se da)

El hecho de que el director de “Noé” es Darren Arenovski, es judío y se le nota: utiliza una metonimia mendaz donde, sobre el texto clásico, expone que los hombres-piedra (trasunto de la mitología griega de Deucalión y Pirra que, después del diluvio, tiran piedras y originan a la humanidad), mezclado con la estupidez del señor de los anillos y otras zarandajas similares (Harry potter, etc.), eran demiurgos o casi ángeles caídos, pero arrepentidos de su primera rebelión.

El film, es claro, se inscribe en esta moda seudomística, correspondiente al fin del mundo, la parusía y el apocalipsis, siempre emergentes en cambios de milenio y crisis económicas. Ahí están, como paradigmas coetáneos, tomaduras de pelo como “Melancolía”, “El árbol de la vida”, “la vida de Pi”, “Take shelter”… y sus secuelas; por ejemplo, la española “Los últimos días”. para corroborar lo arriba expuesto y en donde se desvirtúan, en aras de la nada, una suerte de telofase procaz que conduce, inexorablemente, al vacío. Noé, como en algunos films de Bergman, duda ante el silencio de Dios, pero carece del humor del Noé-Huston de “la biblia” (1965). La película, pues, se convierte en un producto típicamente jolivudense comercial, tal como estaba programado y con los tópicos efectos especiales de ordenador.

Otros films sobre el personaje bíblico son, la poco conocida, “Los verdes prados” (Mark Connelly, William keighley, 1936) y “El arca de Noé” (Michael Curtiz, 1928), ésta última editada en deuvedé (hay otros films, pero, según mi criterio, sin apenas interés).

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