West Side Story. Wise frente a Robbins

West Side Story.

JS

Hemos tenido la oportunidad de volver a ver el musical West Side Story, rodado en 1960, y estrenado un año después, protagonizado por la actriz de origen ruso, Natalia Zajarenko, o sea Natalie Wood y dirigida por el antiguo montador de Orson Welles en Ciudadano Kane (1940) y El cuarto mandamiento (1941), Robert Wise y el coreógrafo de Broadway Jerome Robbins.

La película es una adaptación de la obra homónima teatral sobre los conflictos étnicos entre bandas de emigrantes en el West Side de Nueva York.
Algunos dicen que fue el primer musical filmado en exteriores. No es así, en 1949 Gene Kelly y Stanley Donen rodaron junto al río Hudson, On the town, es decir Un día en Nueva York.
Atención también a la música de Leonardo Bernstein y a los títulos de crédito del gran Saul Bass.

AC

Siempre me he preguntado por qué la Metro (que no era de la casa, sino de la Fox) escogió a Robert Wise para dirigir algo en aquel momento tan “moderno” como la “historia de la parte oeste”, ya que si no me equivoco no tenía experiencia con musicales. Era, más bien, un todo terreno, que había trabajado prácticamente todos los géneros, con cosas buenas, regulares y malas. Bastante buenas sus películas de cine negro, pero también las de terror, ciencia ficción, bélicas; no tan buenos los westerns, melos, comedias (pocas) y la película “histórica” que rodó en Europa (“Helena de Troya”). Luego, con el éxito de “West”, parece que le tomó el gusto a los musicales, porque vinieron detrás “Sonrisas y lágrimas” y “La estrella”. Le dieron el Óscar al mejor director con West Side Story, lo cual era absurdo porque todo el mérito era de Jerome Robbins, el coreógrafo. Se lo volvieron a dar con la pastelera “Sonrisas y lágrimas”. Me pregunto qué hubiera sido West Side Story si en su lugar hubieran contratado a un tipo como Nicholas Ray o Elia Kazan, que tampoco habían hecho musicales y este les iba mejor que al que escogieron. (¿Y Stanley Kubrick?). Pues tal vez lo mismo, ya que quien en realidad sabia lo que había que hacer era el citado Robbins. En resumen, todos/as hemos visto la peli, que tiene momentos muy buenos y otros mucho menos. Si la vemos de nuevo, por cuarta o quinta vez, podemos aprovechar para fijarnos en los detalles formales y qué distinta es de las de Fred Astaire, aunque bastante próxima a las de Gene Kelly.

En su tiempo revolucionó el cine musical. Por la temática (aunque en realidad no se trata sino de una audaz adaptación a los  tiempos modernos de  Romeo y Julieta) y una nueva concepción de la danza. De eso han pasado ya 60 años. Es lógico que entonces  impresionase bastante. Hay bastantes números “cantados” un tanto empalagosos que hacen perder dinamismo a la obra, aunque la escena del balcón -calcada en espíritu- de la correspondiente shakespiriana está bastante bien resuelta. El cromatismo fotográfico, ídem. Musicalmente la obra de Leonard Bernstein es muy potente, convertida ya en clásica. Fueron también muy “rompedores” los títulos de crédito en plan graffiti del gran diseñador Saúl Bass.

No me he expresado bien. Lo que da valor y dinamismo al filme son las escenas de danza. Lo que lo lastra como película musical son las “escenas cantadas”, estáticas y empalagosas, que “interrumpen”/devalúan la fuerza del movimiento de danza, que es lo que genuinamente define al cine musical. No la inmovilidad de la secuencia cantada, sino el poder, la vivacidad, el movimiento del baile, donde la cámara sigue a los bailarines y, si detrás hay un buen director, parece bailar con ellos. Claro que el tema de West Side Story, por muy bien imbricado que esté con la acción, no es la historia que cuenta, sino la danza. Es ese siempre el tema de todos los musicales. Aquellas películas donde solo se canta, aunque suene la música no tienen nada que ver con el musical.