Roma de Cuarón. Engañoso abrazo interclasista

ROMA. Alfonso Cuarón

Por D. Puerta

Alfonso Cuarón, resulta además de ser el director de Roma, el protagonista secundario de este film autobiográfico que narra un período de su infancia que transcurre desde los siete a los ocho años, y retrata el día a día de la familia del director, a pesar de que el personaje principal alrededor del que se articula esta historia es femenino, encarnado por Cleo, una de las dos empleadas del hogar.

La película es una crónica familiar basada en los recuerdos del director, concretamente la acción transcurre en el año 1971. Cleo vive integrada en una acomodada familia de clase media mexicana que vive en una vivienda unifamiliar en el barrio de Roma, en México D.F.

Antonio, el padre, médico de profesión, y Sofía, su esposa, química de profesión y ama de casa, son padres de Sofi, Toño, Paco y Pepe. La trama revela que el feliz matrimonio que comienza mostrándose al espectador, en realidad esconde una aburrida y tediosa vida marital y familiar caracterizada por la permanente ausencia por cuestiones laborales del esposo y padre: Sofía, es una esposa hastiada, condenada a la soledad del hogar y vivir una vida monótona de perpetua espera al regreso del deseado esposo; una vida para la que no se encuentra preparada que se acentúa aún más por el hecho de que las tareas domésticas recaen en dos empleadas del hogar indígenas, Cleo y Adela, permitiéndola todo el tiempo del mundo para aburrirse.

El trabajo de Antonio en un hospital garantiza una cómoda vida a la familia, y ciertos lujos para la época como disponer de dos coches y empleadas del hogar, con las que comparten residencia, que no techo y vida con esta familia, y un chófer para llevar a Teresa, la madre de Sofía quien vive con ellos, con sus nietos allá donde sea preciso. La vida de las trabajadoras domésticas transcurre en una pequeña y modestacasita, al final del patio donde juegan los niños y Porras, el perro de la familia.

El día a día de Cleo es un constante ir y venir por toda la vivienda recogiendo todo tipo de objetos y juguetes, platos, ropa, lavando, planchando, despertando y acostando niños, preparando almuerzos, fregando y limpiando las cacas del perrito, y atendiendo todas las reclamaciones de niños y adultos. La tan conocida vida de un ama de casa de clase trabajadora, que acaba agotada al final de una interminable e intensísima jornada laboral.

Cleo y Sofía son las que aportan la estabilidad emocional a los niños; si bien, la asistenta disfruta del apego y cariño de los niños. Es la esforzada y siempre presente empleada del hogar, la figura de referencia a la que normalmente se dirigen los niños cuando les aflige un problema, o buscan la compresión, el afecto, cariño o protección de una madre: siempre está ahí.

Sin embargo, la verdadera protagonista de la película es Cleo: además de su faceta como trabajadora del hogar, el film muestra otros aspectos de su vida: a qué dedica su escaso tiempo libre -tardes de meriendas y cine con su compañera Adela-, cómo conoce a Fidel, el embarazo que dará lugar a un profundo sentimiento de vergüenza y culpa que la aflige cuando siendo imposible ocultarlo se ve forzada a contar la verdad a Sofía, y el miedo a ser reprendida por ella y perder su empleo…

En el film se adivina cierto paralelismo entre las figuras de ambas mujeres. Así, la constatación de que Antonio tiene una relación con otra mujer, y que sus ausencias laborales en realidad eran escapadas sentimentales, sumen a Sofía en una profunda situación de soledad, pero sobre todo de miedo ante la posibilidad de desclasarse, perdiendo los privilegios que disfruta y viéndose abocada a mantenerse por sí misma y asumir todas las responsabilidades que conlleva ser madre.

Sofía harta de los escarceos amorosos de su marido, afronta su soledad tras el divorcio o separación de su marido, decide buscar trabajo, como responsable de que su familia mantenga el mismo estatus social: busca y consigue un empleo para una editorial y afronta una serie de decisiones, que en la época en la que transcurre la película, son más propias de un esposo.

Por su parte Cleo conoce una tarde por mediación de Adela a Fidel. Tras un tiempo de relación, se quedará embarazada pero este la abandonará cuando le explica que tiene “un encargo”. Entonces desaparece, y Cleo con valentía decide ir en su busca para pedirle que recapacite. Su brutal rechazo y violenta reacción la deja abatida y nuevamente sola, abocada a afrontar sin su apoyo la educación y crianza del bebé.

Ambas mujeres parecen vislumbrar un futuro similar, abandonadas por sus parejas, y  salvando la notable diferencia de clase entre ambas, juntas tendrán que sacar a sus dos familias adelante.

Unidas por un mismo destino, ¿para siempre? Una pena que no se desvele en el film.

Para concluir, no se debe, no se puede, eclipsar el aspecto más destacable sin duda de la película: su magnífica fotografía en blanco y negro y técnica cinematográfica. Hay que señalar que el director de arte es Eugenio Caballero, quien ganó un Óscar en 2007 por ‘El Laberinto del Fauno” y que la película está filmada en formato digital de 65mm.

A lo largo de los 135 minutos del film se disfruta todo tipo de planos móviles y fijos, en formato panorámico y en ocasiones, empleando encuadres poco habituales en películas que no son de acción. En la mayoría de las ocasiones, se recurre a travellings que discurren con un perfecto paralelismo con la calle donde transcurre la acción, perfectamente acompasados con la cadencia del paso del personaje o el vehículo que se muestra. En otras, se recurre a encuadres panorámicos, fijos, como una ventana, por donde entran y salen del plano los personajes. Es la cámara la que está fija, y se aprovecha el formato panorámico para invertir el movimiento de la escena, siendo los personajes los que se desplazan de un extremo al otro de la imagen, y solamente al final es cuando la cámara realiza un movimiento último para finalizar la escena, siguiendo los personajes.

 

 

No hay duda de que la película contiene los elementos necesarios que demanda la sociedad actual para hacer de ella una propuesta muy sugerente y del agrado del público, que harán de ella una de las películas a recordar en 2019.

Y para terminar, cabe señalar la extraña obsesión del director por los aviones. ¿Qué representan en la película? Comienza esta con una escena donde se refleja en un charco de agua la imagen de un avión, pero no será el único plano en la película donde aparezca uno: en la pantalla del cine, frente a Cleo y Fidel, o sobre el instructor de artes marciales de los “halcones”.

En el siguiente link, puede verse el tráiler de la película, en el que de fondo suena The great gig in the sky, maravillosa canción del álbum The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, publicado en 1972, y que seguramente escucharía el padre de Alfonso Cuarón, como en mi caso hacía el mío.

https://youtu.be/6BS27ngZtxg

No obstante, no quisiera finalizar este artículo sin analizar con mayor profundidad en los siguientes párrafos otros aspectos apuntados y no convenientemente tratados en la película.

 

LA SITUACIÓN POLÍTICO-SOCIAL EN MÉXICO EN  1971

La sociedad mexicana en el periodo comprendido entre finales de los 60 y principios de los 70 vivió unos años de tremenda insurgencia obrera y campesina, que en la película no se adivinan, aunque una pocas escenas vagamente apuntan a ello.

Uno de los episodios recogidos en la película alude a la Masacre de Corpus Christi,                   que tuvo lugar el 10 de junio de 1971: la matanza de aproximadamente 120 estudiantes, varios menores de edad, por parte del gobierno mexicano, apoyándose en un grupo de paramilitares infiltrados llamados “halcones”, en un acto de total represión, con el único objetivo de demostrar el poder del gobierno federal frente a cualquier movimiento social de crítica y disidencia.

 

Los estudiantes se habían organizado en una manifestación en contra del gobierno, demandando la democratización de la educación y la apertura electoral del estado mexicano, entre otras cosas.

 

 

Otros hechos significativos que acontecieron en esa época, y lógicamente sin cabida en una película de ficción, son la Guerrilla Magisterial en el Estado de Guerrero (1968 -1974), la aprobación en 1972 del derecho universal a la vivienda, y la obligación del gobierno en asegurar este derecho a la llamada “clase trabajadora”, la segunda gran ola de feminismoen México a lo largo de los años 70, la reforma del artículo cuarto de la constitución mexicana,conla aprobación de la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer (1974), la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales o LFOPPE(1977),o la Federalización de la Educación (1978).

Para más información al respecto de los sucesos y cambios políticos acontecidos en esa época puede consultarse la Revista digital MXTOP– México en el siguiente link:

https://mxtop10.wordpress.com/2015/06/29/top-10-sucesos-decada-de-los-setenta/

 

EL DIRECTOR

Como indicaba al principio del artículo, la película es una crónica familiar basada en los recuerdos del director. Aunque pretende enlazarla con la situación política de la época, la perspectiva evocadora se sitúa siempre por encima de la histórica.

No hay duda alguna en cuanto a que no está entre las intenciones de Cuarón hacer una crítica social, le basta con unos apuntes que muestren las “actitudes de clase”, que se redimirán a través de la benevolencia y generosidad de la familia protagonista. Ese abrazo “interclasista” en la playa al final de la película lo define todo.

 

 

¿Pretenderá Cuarón lavar su mala conciencia de clase con esta película? Por supuesto. Este film no es otro que un homenaje del director a la figura de la criada indígena protagonista y su tierna y despolitizada visión de las conductas de clase son precisamente los aspectos que hacen que la película se haya convertido en un éxito mundial (e incluso que haya gente de izquierdas que crea que la película es socialmente crítica).

Es obvio que la familia descrita en el film pertenece a esa esfera social progre, representada por una clase media que se autoproclama culta, educada, moderna, lógica, empática y racional, y a su modo feminista, y de izquierdas.

Una progresía que muestra cierta empatía o preocupación para con los trabajadores y las desigualdades sociales, pero que no va a hacer casi nada por cambiar su situación. Una clase media para la que, por otra parte, no supone ningún dilema moral adoptar los convencionalismos de la clase a la que supuestamente se enfrentan y por tanto, no se cuestiona que Cleo y Adela tengan los mismos derechos laborales que ellos, disfruten de los mismos privilegios y derechos al descanso, sanidad, educación o incluso compartan el mismo techo en la vivienda familiar, compartiendo espacios con ellos, y que por tanto se vean abocadas a vivir separadas de la progresía, alojadas en la casuca reservada al servicio doméstico. ¿Qué pensarían los amigos progres si compartieran el mismo techo con sus sirvientas? Probablemente que habrían perdido la cabeza. En aquellos años, a diferencia de hoy, ni la clase media ni la trabajadora por lo general se cuestionaba el rol social que le había tocado vivir, y lo aceptaba.

Hoy día, diríase que el pensamiento progre ha interiorizado lo que viene denominándose lo “políticamente correcto”: una corriente cínica que a pesar de manifestar y denunciar las injusticias sociales, no hace absolutamente nada por cambiar ese patrón o modelo de comportamiento. Una progresía adalid o defensora a ultranza del pensamiento único antes referido y del derecho a decidir. Una clase media universitaria que en España presumiblemente vota a Podemos o Ciudadanos.

A esta clase media, se antepone una clase obrera, sometida a precarias condiciones económicas, sin derecho o posibilidad de acceso a la educación, sanidad, abocada a servir siempre, imbuida de un profundo sentimiento religioso, a la par que creyente de absurdas supersticiones, que ha perdido sus señas de identidad y que hoy día vota a la derecha representada por Ciudadanos, Partido Popular e incluso Vox. Una sociedad cada vez más individualista y deshumanizada, que no se conmueve por la precaria vida del tercer mundo, y es una defensora a ultranza de los derechos de los animales, el movimiento LGTB, y todo tipo de identitarismos absurdos.

Debe inferirse que los hechos descritos en el largometraje presumiblemente marcaron el carácter y devenir del director, especialmente el episodio del divorcio de sus padres, obligando a una reconstrucción del entorno familia, introduciendo un nuevo modelo social de familia a partir de la ley del divorcio, ley que en España no surgió hasta los primeros años 80.

Han transcurrido poco más de cuarenta años desde la época en que se desarrolla la película. Lamentablemente, apenas han cambiado las circunstancias y condiciones laborales de las trabajadoras del hogar, que como Cleo y Adela son los verdaderos sostenes y heroínas de las familias de clase media, y de las amas de casa, en la vertiente obrera del mismo problema, en la moderna sociedad actual.

Se trata ese de otro debate acerca del empeoramiento de la clase media actual con relación a la de los años 70 representada en el film.

ROMA, DE CUARÓN. (Obra maestra o no)

CRITICA DE ROMA DE ALFONSO CUARÓN

Por Miguel García López

 

 

El título de esta película “Roma” es el nombre de un barrio colonial de la ciudad de México, donde transcurrió la infancia de su director Alfonso Cuarón. La película tiene como protagonista principal a una mujer de raza indígena y de clase social baja (Cleo), que trabaja de criada para unos patrones de clase media en una vivienda situada en el barrio de Roma, en el año 1971. Un motivo de la película es posiblemente la fascinación por ese personaje que lleva a este Director a evocar de forma retrospectiva y autobiográfica un personaje fundamental de su infancia, a quien en definitiva homenajea.

En esta película se invierte los protagonismos habituales. Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de relatos cinematográficos, Cleo, una humilde empleada doméstica, es la protagonista principal, mientras que los miembros de la familia servida pasan a ser secundarios y en gran medida irrelevantes en su protagonismo. Este cambio de enfoque respecto a lo que es habitual da relevancia a un sujeto social que el cine en general y mas en los últimos tiempos desatiende, lo que se hace fundamentalmente por un prejuicio clasista e interesado.

También incorpora la película una mirada a ese barrio “Roma” y su entramado urbano y popular que nos parece muy atractivo. La película que en gran medida transcurre dentro de la casa familiar aprovecha las salidas de los protagonistas a la calle para describir una diversidad de personajes populares (un afilador, una banda de música callejera, vendedores ambulantes, etc.), y una ciudad bulliciosa, con imágenes y planos muy atractivos, divertidos, y sugerentes para el espectador. La recreación de los años 70 está muy bien conseguida y rodada con gran perfección técnica. No solamente ese barrio sino otros suburbiales adonde se dirige la protagonista están descritos de forma realista, con autenticidad, sin obviar la descripción de la marginación y la pobreza.

Cleo no es una simple sirvienta. Trabaja en la limpieza y las tareas de una casa grande y en el cuidado de una amplia familia. Trabajo intenso y permanente que realiza con un grado de humildad, entrega y aceptación sorprendentes. No solo trabaja sino que se vincula emocionalmente con los miembros de la familia, que en cierta forma es su propia familia, desarrollando un perfil de gran bondad y generosidad. Su entrega hace que vaya ganando el alma de todos y su fortaleza que se convierta en el alma de la casa en quien se refugian sus miembros en los avatares de la vida.

Los acontecimiento en la vida de Cleo, que ocurren fuera de la vivienda, y que se van describiendo alternando con su vida en el interior de la vivienda, dan una inusitada carga dramática a la película. Así ocurre con la descripción de su relación con un joven indígena de quien queda preñada y que la fuerza a un embarazo no deseado y a un penoso aborto. Al contrario del personaje de Cleo, este joven es el paradigma de la desafección, el ultraje y la violencia machista, con un añadido de criminalidad política y social.

Y en torno a estos acontecimientos se desarrollan las escena mas logradas de la película por su enorme emotividad, que son las secuencias de las manifestaciones de estudiantes en la ciudad y la brutal represión de la policía, incluyendo la actuación de elementos parapoliciales, así como la descripción de las circunstancias del parto de Cleo. Ello sin olvidar la actuación de Cleo en la playa, protegiendo y salvando a los niños.

La película podría tener el sentido de hacer un homenaje a este personaje extraordinario de la infancia del director. También se adivina una intención de redimir las culpas familiares reflejadas en un cierto desapego, distanciamiento y maltrato hacia una persona de la servidumbre, como en la película queda reflejado.

Fuera de este interés, los restantes aspectos de la película son confusos o ambiguos. Un aspecto es como se definen las relaciones de clases. Si bien queda claro el de la familia de clase media burguesa con la protagonista, parece que Cuarón quisiera compensar su mirada afectiva hacia Cleo contraponiéndola con la que dirige al otro personaje indígena masculino. Este personaje está descrito, pienso que intencionadamente, como un individuo absolutamente maligno (agresivo y extrema violencia machista). Participa en entrenamientos colectivos de paramilitares y finalmente es uno de los paramilitares fascistas que participa y mata en la represión de los estudiantes. Si el interés es dejar constancia de que la sociedad mexicana está asolada por comportamientos machistas y criminales, la elección de este personaje mestizo parece intencionada.

La familia del hogar de Cleo está en crisis porque el marido ha empezado una relación con otra mujer, finge, lo oculta y finalmente desaparece de casa. Todo lo cual genera una desestabilización afectiva a los que se quedan en casa. El caso se describe desde dentro y la mujer e hijos aparecen como víctimas. Hay desequilibrio en la relación, sin que se expliquen las causas. El comportamiento del marido se describe implícitamente como infiel, mentiroso, irresponsable y en último extremo como machista. Parece que de nuevo se busca concurrir en un tópico y temática actual.

Así que la película se puede catalogar como feminista, aunque el buenismo de los personajes femeninos, incluyendo al personaje abuela,  no objetable, se contrapone con la felonía de los personajes masculinos.

Y es una película donde se contrapone el buenismo de la clase burguesa blanca (acomodada, profesiones liberales, intelectuales) con la clase de los indígenas marginales, violentos y potencialmente delincuentes.

La escena de la represión y matanza de estudiantes, fílmicamente magnífica, está absolutamente fuera de contexto, salvo que se entienda como contexto ubicar a Cleo como espectadora desde unos almacenes de una aterradora represión, y como observadora del crimen que comete su novio, el paramilitar, hasta el punto de producirle por terror la rotura de aguas. Si se permite la analogía, Cuarón rompe aguas con esta escena. Y el parto es una pasada, quizá también como el parto de esta película.

Pues, en definitiva, se echa en falta un poco de transcendencia, mensaje, contenido esencial, para que la película no se quede en la crónica nostálgica de una magnifica criada indígena, con escenas espectaculares fuera de contexto, al estilo “Gravity” .