“CALVARY”, DE JOHN MICHAEL MCDONAGH. VACUO THRILLER PSEUDO RELIGIOSO

Kelly Reilly and Brendan Gleeson in Calvary

“CALVARY”, DE JOHN MICHAEL MCDONAGH

VACUO THRILLER PSEUDO RELIGIOSO

Por A. Cirerol

Si el Realismo requiere “además de la exactitud de los detalles, la representación exacta de caracteres típicos en situaciones típicas” (Engels), donde “lo típico” hace referencia a personajes y situaciones capaces de revelar la estructura interna y dinámica de la sociedad, esto es: lo característico esencial, “Calvary” sería la antítesis de tal proposición: personajes excéntricos en situaciones atípicas o grotescas.

Todos los personajes: el cura protagonista y los feligreses que componen su esperpéntica parroquia: la esotérica hija, el hórrido y abracadabrante doctor, el brumoso carnicero, su mujer pelandusca, el estrafalario potentado, el joven con vocación de killer, el impertérrito inmigrante negro, el armígero barman budista, el quimérico psicópata, la beatífica viuda, el peripatético policía homosexual y su histérico gigoló, el anacrónico escritor, el insólito monaguillo pintor, etc… forman una galería de personajes extravagantes e improbables, que no pueden representar en absoluto la realidad humana y social de un grupo humano específico, sea irlandés o bosquimano, y aspirar, por extensión, a una representatividad universal. Son figuras caprichosamente creadas, sin autenticidad psicológica, sin entidad real… El único plausible es el cura farisaico; el obispo melifluo es una caricatura tópica, que ya hemos visto muchas veces…

El protagonista es excepcional como personaje, demasiado alejado de lo común, sino inverosímil (cura, viudo y padre), tanto como por su conducta y hábitos (asiduo de la taberna, borrachín, malhablado). No sabemos qué razones le han inducido a profesar, ni en qué se fundamenta su fe religiosa, ni el sentido que guía sus actos… Las imágenes sólo muestran su comportamiento, pero no las razones por las que actúa así. Es errático, se comporta no tanto como el pastor de su rebaño o la conciencia moral de su comunidad de feligreses, sino que se entromete más bien en sus vidas, cual un detective privado. Opinión sobre los temas básicos y esenciales a los que parece aludir el film: los abusos cometidos por la Iglesia, la responsabilidad y la manera de afrontar éticamente la crisis social y económica, sobre tales cuestiones nuestro cura no tiene opinión. Tampoco la película la tiene.

Igualmente, los personajes que rodean al protagonista (su grey) es anómala: compuesta exclusivamente por cínicos, desaprensivos, inmorales, perversos, desalmados… redomados cabrones, en suma, que, sin embargo, son fieles practicantes. Una congregación enfrentada con su párroco (al que dicen respetar) sin que sepamos los motivos reales de tal animadversión. Un muestrario de monstruos, un inusitado zoo humano, en el que no hay seres normales. Un inventario antagónico con todo propósito de representar la realidad real. Supuestamente el realizador pretende descubrirnos la corriente oculta de vileza y de violencia que subyace bajo unas existencias respetables y cotidianas. Un encomiable empeño para una obra con intención crítica, pero para ello los personajes deberían poder ocultar algo, pero son tan planos y uniformes que ello resulta imposible. El aparente “estudio” de la complejidad psicológica de un grupo humano, se queda en exhibicionismo gratuito.

A partir de la primera escena, deliberadamente impactante, nos encontramos ante la estructura clásica del thriller, desarrollada, como de costumbre, a través de las pesquisas del agente investigador, en este caso un cura en lugar de un detective, sobre los personajes sospechosos. Un thriller con aporte de simbología religiosa, para hacerlo más sustancial. Por desgracia, todo ese repertorio alegórico es inane.

El bastidor y la configuración de la película se sustentan sobre un planteamiento engañoso: en su semana de pasión hasta su sacrificio por la expiación de sus pecados y la salvación de su rebaño, el cura descubre el fondo (horribilis) que se oculta bajo la apariencia cotidiana de sus feligreses, así como el rechazo de sus congéneres (por sí mismo y por lo que institucionalmente representa) a partir, como elemento detonante, de la revelación de la escena inicial… ¡pero esa congregación que inopinadamente muestra ahora su verdadera cara, es la misma de antes con la que nuestro protagonista coexistió durante años sin enterarse de su verdadera catadura!

La película acumula un exceso de incoherencias. Donde se alcanza el punto máximo del absurdo: la escena del bar, con el cura disparando como en una película del Oeste (de S. Leone). Más: el imposible ricachón con problemas existenciales meando sobre el famoso cuadro “Los embajadores” de Holbein (pintado en 1533, actualmente en la National Gallery de Londres): ¿Nos lo hemos de tomar como una escena irónica? ¿Y en ese caso, a quién pretende satirizar, al personaje o al espectador? Resulta también argumentalmente ilógica la festiva indiferencia del pueblo ante el incendio de la Iglesia.

Zonas oscuras del film, impostadas, a las que no se da respuesta, ya que sólo pretenden despistar, creando falsas expectativas: la muerte del perro, el significado de la pistola (¿asistencia al suicidio o defensa personal?), el viaje previo a su inmolación del protagonista… y la relación entre el protagonista y su hija, y entre aquél y su mujer.

El film plantea supuestamente “problemáticas profundas y trascendentes”, principalmente centradas en torno a la muerte y el valor de la vida humana: el suicidio, el asesinato legal (bendecido en las guerras), el asesinato gratuito, el asesinato vindicativo… el sentimiento de pérdida, el duelo, la costumbre de la muerte (imágenes en la tv, el siniestro cinismo del doctor)… Las sinrazones de la existencia y el “silencio de Dios”, en la ridícula escena de la agresiva provocación del doctor al cura. Pero de todo ello no sacamos nada, ya que en realidad no se profundiza en estas cuestiones y el señor McDonagh sólo las plantea para dar un barniz de trascendencia a la película.

Por fin, las secuencias que cierran el film y que (se supone) deberían de dotarlo de sentido:

La escena de la muerte anunciada: el asesino podría haber sido cualquiera y nos hubiera dado igual; la elección es arbitraria porque no hay ninguna aproximación a las características de los personajes que nos prepare para aceptar que tenga que ser uno u otro.

La muerte del protagonista se encadena enfáticamente con una panorámica de la actividad del resto de personajes: la vida sigue, no se ve alterada por la obra o la muerte del que fue su párroco, todo es indiferente, se nos viene a decir.

Pero al final la película da un giro grotesco y se transforma en un “film redentorista” y pseudo religioso: el acto supremo del perdón, inexplicado e inexplicable. ¿Quién y qué se perdona? La Iglesia –o el sentimiento religioso- víctima y verdugo absolviendo/redimiendo al verdugo y víctima de la Iglesia. ¿Qué nos cuentas McDonagh?

Todo en el film resulta forzado, impostado, arbitrario, falso. Parece que toca temas importantes, pero el resultado es gratuito y superficial (con visos almodovarianos, por añadidura). Así, la debilidad del guion, su falta de coherencia interna, su arbitrariedad, su desconexión con la vida real, se convierte en uno de los mayores problemas, si no el más importante, del cine actual.

3 comentarios en ““CALVARY”, DE JOHN MICHAEL MCDONAGH. VACUO THRILLER PSEUDO RELIGIOSO

  1. En mi opinión es difícil mejorar la critica e Antonio, solo añadir una actuación de actores y composición del relato que más bien parecía de tebeo, los diálogos fríos, como dichos al dictado.En definitiva una película tan pretenciosa como, dice Antonio, vacua, una película busca premios.

  2. Miguel
    Precisiones
    Encuentro en la película algunos aspectos de interés:
    El problema terrible de la pederastia, con casos lamentables en Irlanda, hace que el planteamiento del mismo desde las primeras imágenes del film sea oportuno e interesante como temática. Se suma a este interés el hecho de que se haya elegido como protagonista a un “cura bueno” quien presuntamente va a ser la victima de culpas ajenas. Su muerte final parece buscar el significado alegórico de la redención de las culpas muy en la línea evangélica. Si embargo, este planteamiento me parece tramposo, porque lo que debería haberse descrito como pecado nefando de la Iglesia que reclama denuncia y exige responsabilidades y dejar claro quienes son los verdugos y quienes las víctimas, se plantea como acto de venganza de la victima de pederastia que anuncia la muerte ejemplarizante del cura inocente y da lugar a sucesivos contactos con sus feligreses en los que se descubre su naturaleza execrable extendiéndose la culpa a todos ellos por iguales o peores pecados. La muerte final del cura deja la culpa dispersa y las cosas como estaban.

    El rebuscado planteamiento de la película da pie a la descripción de una comunidad irlandesa a gusto del Director. Si entramos en su juego no cabe si no asombrarse del alto grado de alienación y perversión moral de la misma (adúlteros, drogadictos, pirómanos, violentos…), lo cual es dado el carácter alegórico de la película el signo de la sociedad de nuestro tiempo. Sociedad que alberga los peores pecadores donde se diluye la pederastia y donde se aniquila al que quiere practicar la compasión o el perdón.

    La visión del film en versión original con subtítulos puede que nos haya restado plena comprensión. Me refiero en particular a las ambiguas razones de la separación del Cura y a que una posible causa de su vocación está en la relación insana entre el y su hija. Así se indica en http://en.wikipedia.org/wiki/Calvary_(film)
    “She’d felt abandoned by her mother and James: the mother left (just how she left is ambiguous), then James became a priest. Fiona and James know they love each other, and try to repair their relationship…”
    En un momento del film el cura le dice al obispo que conoce a quien le había amenazado. El reconoció la voz de Jack en el confesionario.
    Es el espectador quien no tiene esa información. El cura no entra en pesquisas porque ya tiene la información. Lo que hace es contactar con los feligreses para “poner en orden” su relación “pastoral” con ellos, ante su previsible próxima muerte. Y ese proceso constituye para él un calvario.

  3. A. Cirerol
    «Que el motivo del abandono familiar del protagonista sea la supuesta relación incestuosa con su hija no aparece ni explícita ni implícitamente en el visionado del film en v.o., y no parece plausible a estas alturas pensar en una intervención censora al respecto.
    En el caso de que fuese tal como se apunta y en la película se plantease en efecto dicha relación (de la que ningún espectador se ha enterado), no quedaría más remedio que inscribirla dentro del muestrario de arbitrariedades que abundan en este film.
    Dando por buena tal interpretación la escena final se haría, sin embargo, súbitamente más inteligible (aunque igualmente irrazonable), ya que podríamos pensar que la hija se identifica como víctima (vengada) con el asesino de su padre. Pero para ello sería necesario que el padre hubiera cometido un acto de violencia sexual con su propia hija, lo que parece claro que no figura en el guion, ni siquiera en el guion subliminal.
    Sea lo que sea respecto de las reales o supuestas intenciones del realizador, en mi opinión no hace variar la apreciación negativa de la película»

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